El auto de Gianni devoraba la autopista Salerno-Reggio Calabria bajo un manto de estrellas.
Dentro, la tensión era tan espesa como la noche. Gianni, apoyado contra la ventana fría, hablaba por el teléfono satelital con una voz que podría helar el vino más robusto de Calabria.
—...Así que quiero que encuentres a esa mujer — silbaba, los nudillos blancos alrededor del dispositivo — así tengas que revisar debajo de cada piedra del infierno, levantar cada alfombra de cada capo del mundo, o hacer que