La aeronave negra descendió como un cuervo sobre la ciudad imposible. Kievak apareció entre montañas olvidadas por los mapas, un cáncer luminoso en la oscuridad: torres de cristal y acero que arañaban el cielo, neones en cirílico y árabe retorciéndose como serpientes de luz, piscinas infinitas suspendidas a cien metros del suelo.
Gianni Giorgetti observó desde la ventana polarizada, su rostro cincelado en sombras. No era Las Vegas. Era la perversión de Babilonia renacida en el siglo XXI, donde