La conciencia regresó como una marea lenta y pesada, arrastrando consigo fragmentos de oscuridad y un zumbido persistente en los oídos. Ivanka flotaba en una bruma gris, ajena al tiempo y al espacio.
Lo primero que percibió no fue dolor, sino una sensación extraña, casi etérea: una leve caricia en su cabello. Suave, repetitiva, como el movimiento de las olas. Una voz murmuraba cerca, palabras que se deshacían como arena antes de llegar a su comprensión. Sonidos suaves, ininteligibles.
«¿Dónde..