El aire en la sala de pantallas de la DIGE era denso, electrizado, cargado del silencio expectante que precede a la tormenta. Pantallas táctiles gigantes mostraban imágenes satelitales, planos arquitectónicos y fotografías de alta resolución. En el centro, Susana Corlys, con su uniforme impecable y mirada de halcón, irradiaba una energía letal.
— Semyon Volkov — anunció, su voz cortante proyectándose en el silencio. Una imagen del mafioso ruso, de rostro duro y ojos fríos, apareció ampliada. — t