Salí de la casa de Gael esa mañana, aún sintiéndome sofocada por todo lo que había descubierto el día anterior. No saber qué hacer con las pruebas me tenía en un estado de desesperación muy molesto. Salí sola porque necesitaba aire. Necesitaba caminar y pensar sin las paredes de esa casa tan segura y tan opresiva a la vez.
No llegué ni a la esquina antes de ser interceptada.
—Viatrix.
La voz me detuvo en seco. Era baja, tensa, y venía de un auto gris discreto estacionado junto a la acera. La