Las llaves de la casa de Gael pesaban en mi bolsillo como un recordatorio constante: ya tenía un lugar seguro, pero mi cabeza seguía atrapada en el pasado. En un callejón oscuro, en una noche de hace más de un año, y en el hombre que supuestamente me había salvado allí.
No podía seguir adelante sin saber. Cada vez que recordaba a Damian con ese halo de héroe sacrificado, sentía un asco que ya no era solo por su traición con Renata, sino por la posibilidad de que todo, desde el principio, hubie