42: El Testamento de un Vivo

Gael me llevó de vuelta al sofá, pero cuando intenté acercar mis labios a los suyos para besarlo, él desvió su cabeza. Su mirada era clara, demasiado clara.

—Nicolás te dijo algo más —declaró, sin preguntar—. Y no fue sobre mi buen gusto.

El aire se espesó. El papel en mi mano parecía arder. Miré sus ojos, esa oscuridad que todo lo veía, y supe que no podía seguir guardándolo. No esta vez.

—Sí —admití, la palabra saliendo como un suspiro—. Me advirtió. Dijo que Aldrick está buscando aliados…
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