Estuvimos en silencio unos segundos luego de sus palabras. Pero un momento después, él me miró fijamente. Su expresión era un mosaico de cosas que no sabía nombrar: curiosidad, atracción, desconfianza, y algo más… algo como esperanza triste.
—Es curioso, Viatrix —dijo, su voz tan suave que casi era un susurro—. Tienes los ojos más honestos que he visto en mucho tiempo.
Mi corazón se detuvo.
—¿Sí? —logré decir.
—Sí —asintió lentamente—. Tan honestos que duele mirarlos a veces. Porque uno se