El juez accedió a hablar.
Nos costó tres días de negociaciones, tres días de llamadas con su abogado, tres días de ver a Gael morderse la lengua para no estallar. Pero al final, el hombre que había intentado matarme dos veces aceptó colaborar.
Con condiciones, por supuesto. Siempre hay condiciones.
—Quiere protección total —dijo Sebastián, dejando el teléfono sobre la mesa—. Para él y su familia. Y quiere salir ileso de todo esto. Inmunidad a cambio de su testimonio.
Gael se quedó en silencio.