Gabriel sintió cómo el aire le abandonaba los pulmones cuando vio a Elena besar a Viktor.
No fue un beso vulgar, tampoco uno inocente. Fue un beso medido, lento, calculado… pero con la suficiente intensidad como para que cualquier hombre comprendiera el mensaje: yo decido quién me toca ahora.
El corazón de Gabriel golpeó tan fuerte que por un instante creyó que iba a desmayarse. Sus manos se cerraron en puños, las uñas marcándole la piel. Tenía dos opciones: irrumpir como un animal, arrancar