El test seguía ahí.
Encima del lavabo.
Dos líneas rosas, claras pero inconfundibles.
Aitana no se había movido desde que lo vio. Sentada en la tapa del inodoro, el mismo baño diminuto de su departamento donde lloró por Iker hacía apenas unos días, ahora se sentía otra. Como si el aire se hubiera vuelto más espeso, más difícil de respirar.
-No puede ser... -susurró, aunque las dos líneas ya hablaban por sí solas.
Cerró los ojos con fuerza. Tal vez si los apretaba lo suficiente, al abrirlos las l