Había algo en los lunes que siempre cargaba con una energía distinta. Como si el fin de semana tuviera el poder de resetear el drama y renovar los suspiros. Aitana llegó temprano al Spa Luna, con una coleta alta y su uniforme negro bien planchado. El primer turno le daba un par de horas de silencio antes de que empezaran las historias, los chismes y los esmaltes flúor a desfilar.
Se sirvió un té de frutos rojos y se sentó junto al mostrador, repasando mentalmente su lista del día: cinco manicur