Un año había pasado.
Un año desde aquella madrugada en que Ámbar llegó al mundo, envuelta en un llanto tembloroso y una luz que parecía de otro plano. Un año desde que Aitana entendió lo que era el amor sin condiciones, sin garantías, sin medidas. Y también, un año desde que decidió que no volvería a apagar su brillo para hacerle espacio a nadie más.
Ahora, frente a un auditorio repleto de profesionales de la belleza, marcas, emprendedoras, y soñadoras como ella, Aitana sostenía el micrófono en