Capítulo 94. Un fantasma.

—¡Miente! —gritó Bruno, golpeando el sofá con el puño—. ¡Ese bastardo miente para proteger a su jefe! ¡Rogelio la tiene! ¡La escuché gritar por el teléfono!

—No, Ingeniero. Un hombre sin dedos no miente —dijo el ruso con naturalidad—. El tipo estaba llorando, la verdad. Nos dio la cronología completa. Fueron al departamento en la Condesa. Rompieron la puerta. Pero la chica escapó por la ventana trasera hacia la escalera de incendios.

Victoria se llevó la mano a la boca, ahogando un gemido.

—¿Escapó? —susurró, con una chispa de esperanza dolorosa.

—La persiguieron hasta la calle Ámsterdam —continuó el mercenario—. La tenían acorralada. Pero entonces... la perdieron.

—¿La perdieron? —Bruno parpadeó, confundido—. Rogelio Montero no pierde a nadie.

—El conductor dice que vieron cerca una camioneta negra que bloqueó el paso. Una SUV de lujo, blindada. Se subió a la banqueta y les cortó el camino. No sé si tiene alguna relación con ellos.

El silencio en la sala fue absoluto. Rogelio no la
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