Capítulo 93. Enfrentamiento.
—¡Eso es para que aprenda a tocar la puerta! —bramó Camila, aprovechando que él estaba aturdido para correr al baño y agarrar una bata gruesa, poniéndosela sobre la toalla—. ¡Mirón! ¡Depravado! ¡Sucio!
Arthur se frotó la frente. Cuando se miró los dedos, no había sangre, pero sintió cómo un chichón del tamaño de un huevo de codorniz empezaba a brotar bajo su piel perfecta. La lujuria desapareció. La sorpresa desapareció. Lo que quedó fue una furia volcánica.
Nadie le pegaba a Arthur Sterling.