Capítulo 24. El imperio sin heredero.
Ciudad de México. Seis años y medio después de la partida de Renata.
El ático de Bruno Ávalos en Polanco tenía la mejor vista de la ciudad, pero esa noche, la única vista que le importaba era la de la mujer que se paseaba en lencería de encaje negro por su habitación.
Se llamaba Vanessa. Era modelo, rubia, sofisticada y de buena familia.
—Bruno, mi amor... —Vanessa se sentó en su regazo—. Llevamos un año saliendo. Mis papás preguntan cuándo formalizaremos. Quiero construir algo contigo. Quiero