Capítulo 11. Mentira sobre mentira.
El silencio en la sala se volvió absoluto. Camila retiró la silla de la cabecera y por fin se sentó. Lo hizo con lentitud, ocupando el espacio, apropiándose del símbolo de poder.
Puso la carpeta sobre la mesa y luego, con un movimiento calculado y teatral, colocó sus manos entrelazadas sobre la superficie de caoba pulida. La luz de la lámpara central cayó directamente sobre su mano izquierda. El anillo de oro brilló con una intensidad casi obscena.
Landa, que había estado a punto de replicar,