Capítulo 16. Pequeñas escurridizas.
Dos años y meses después.
El comedor principal de la mansión, una sala que solía ser silenciosa y solemne, ahora parecía un campo de batalla tomado por hadas revoltosas. Había puré de manzana en la mesa de caoba.
Había migajas de tostada en la alfombra persa. Y había dos sillas altas de diseño moderno flanqueando la cabecera, donde Bruno Ávalos, el temido "Tiburón" de los negocios, intentaba negociar con la terrorista más pequeña de la casa.
—Solo una cucharada más, Harper —rogaba Bruno, soste