Capítulo 13. No me arrastro por nadie.
Torre Ávalos, Ciudad de México. Esa misma tarde.
Arthur Sterling cruzó el vestíbulo de granito de la Torre Ávalos como una tormenta eléctrica contenida a duras penas dentro de un traje italiano de tres piezas. No se detuvo en la recepción.
No pidió permiso. Su sola presencia, su altura imponente y esa aura de autoridad letal que irradiaba hicieron que los guardias de seguridad, hombres entrenados para detener intrusos, dudaran lo suficiente. Ese segundo de vacilación fue todo lo que Arthur nec