Capítulo 23. Sangre y números.
Hospital Público del Condado de Cook, Chicago. Una noche de tormenta.
El dolor era algo físico, desgarrador, que le partía las caderas en dos, pero Victoria no gritó. Había aguantado humillaciones peores en silencio; podía aguantar esto.
Estaba sola en la sala de partos, asistida por una enfermera robusta y un médico residente que parecía no haber dormido en tres días.
—¡Una vez más, cariño! ¡Empuja! —le animó la enfermera en inglés.
Victoria cerró los ojos, apretó los dientes y empujó con la