Capítulo 15. Quienes aman protegen.
—Claro que puedes —dijo Victoria, apretándole la mano con firmeza, mirándola a los ojos—. Eres una Ávalos, Camila. Tienes fuego en la sangre. Hazlo por los bebés.
—¡Yo te ayudo! —dijo Bruno, colocándose detrás de sus hombros para sostenerla, sirviéndole de respaldo humano.
Camila sintió el pecho sólido de su padre contra su espalda, sosteniéndola, impidiendo que cayera.
—¡Empuja, hija! ¡Yo te sostengo! ¡Saca esa fuerza!
Una nueva contracción llegó, más violenta que todas las anteriores. Era la