Capítulo 113. Oscuridad en Polanco.
Residencia Ávalos.
La lluvia golpeaba los ventanales blindados de la mansión con una furia rítmica que, hasta hacía unos minutos, había sido arrulladora. En la sala principal, Victoria terminaba de servir un vaso de leche tibia para Nathan.
El niño se había despertado por los truenos y estaba sentado en el sofá, abrazando a su oso de peluche, con los ojos grandes y asustados mirando hacia el jardín oscuro.
—Ya va a pasar, mi amor —susurró Victoria, acariciándole el cabello revuelto—. Papá está trabajando, pero llamó para decir que ya viene. Y cuando papá llegue, la tormenta se va a ir.
Mentía. Victoria sabía mentir bien cuando se trataba de proteger la inocencia de Nathan, pero por dentro, su instinto estaba gritando.
Bruno no había llamado para decir "buenas noches". Había llamado hacía media hora, frenético, con el sonido de disparos de fondo, para decir que iba hacia Ecatepec. Algo no estaba bien.
De repente, el teléfono celular de Victoria, que descansaba sobre la mesa de centr