Capítulo 114. Atacada.
Victoria se detuvo en seco en el pasillo oscuro, agarrando el brazo de Camila. Estaban cortadas. El camino al estudio pasaba justo frente a la entrada. Si se movían hacia allá, las verían y estarían cerca del armario donde estaba Nathan. Miró a su alrededor. Solo tenían una opción para alejarse del niño: la cocina de servicio, que tenía una puerta trasera reforzada.
—A la cocina —susurró Victoria al oído de Camila—. Gateando. Que no nos vean.
Se arrastraron por el suelo de madera, pegadas a la pared. Llegaron a la cocina. Victoria empujó la puerta vaivén y entraron. Estaba oscuro, oliendo a limpio y a especias, iluminado solo por los relámpagos que entraban por la ventana del jardín trasero.
Victoria se levantó y miró a Camila. La chica seguía aferrada a la pistola, pálida como un fantasma.
—Dame el arma —susurró Victoria.
—No —Camila negó, sujetando la pistola con ambas manos temblorosas—. Tú protegiste a Nathan. Yo te cubro a ti. Papá me enseñó a disparar.
—Camila, dame el arma. No