Capítulo 112. La fortaleza asediada.
—¿Qué? —David palideció—. Pero... dejamos seguridad...
—¡No es suficiente! —Bruno corrió hacia la puerta destrozada, olvidando el bastón, olvidando que tenía el tórax fracturado. La adrenalina era ahora lo único que mantenía su cuerpo unido—. ¡Dijo que va a quemarla! ¡Dijo que va a terminar lo que empezó como cuando mató a Lourdes!
Bruno bajó las escaleras metálicas saltando los escalones de dos en dos. Crack. Sintió cómo algo se desplazaba en su pecho, un dolor agudo y cegador, pero ni siquiera gritó. El dolor físico era irrelevante. El terror de perder a Victoria, a Camila y al pequeño Nathan era lo único que existía.
—¡A LOS AUTOS! —aulló Bruno al salir a la nave industrial, donde los mercenarios rusos aseguraban a los prisioneros—. ¡OLVIDEN A LOS PRISIONEROS! ¡VÁMONOS! ¡TODOS A POLANCO! ¡YA!
Yuri, viendo la palidez mortal y la locura en los ojos de su jefe, se acercó interceptándolo en medio del lodo y la lluvia.
—¿Qué pasó? —preguntó el ruso, con la mano en su rifle.
Bruno se de