Capítulo 112. La fortaleza asediada.
—¿Qué? —David palideció—. Pero... dejamos seguridad...
—¡No es suficiente! —Bruno corrió hacia la puerta destrozada, olvidando el bastón, olvidando que tenía el tórax fracturado. La adrenalina era ahora lo único que mantenía su cuerpo unido—. ¡Dijo que va a quemarla! ¡Dijo que va a terminar lo que empezó como cuando mató a Lourdes!
Bruno bajó las escaleras metálicas saltando los escalones de dos en dos. Crack. Sintió cómo algo se desplazaba en su pecho, un dolor agudo y cegador, pero ni siquier