Mundo de ficçãoIniciar sessãoDuas alcateias. Um destino. Um amor que desafia a própria natureza. Hadassa, uma Luna marcada pela dor da perda e pela lealdade ao seu clã, nunca imaginou que encontraria redenção nos olhos de um inimigo. Lee, o temido Alfa da Noite, carrega o peso da liderança e segredos que poderiam destruir tudo o que construiu. Quando seus caminhos se cruzam em meio a uma antiga profecia e rivalidades sangrentas, a atração é inevitável, perigosa e… proibida. Enquanto o desejo entre eles cresce e as fronteiras entre ódio e paixão se confundem, ambos terão que enfrentar escolhas impossíveis, traições dentro de suas próprias alcateias e um amor que pode pôr fim à guerra — ou consumi-los por completo. Instinto Selvagem é uma história intensa de paixão, poder e redenção, onde o instinto fala mais alto e o coração desafia até os laços de sangue. Uma leitura arrebatadora para quem acredita que o amor verdadeiro pode nascer mesmo entre feras.
Ler maisAños atrás…
El niño Björn bajó las escaleras hasta quedar sentado a medio camino junto a sus dos hermanos, siguió la mirada de ellos y entonces descubrió que se avecinaba una guerra.
―Tienes que entender que no siempre se harán las cosas a tu manera, Anton. ―Anton lanzó una copa vacía contra la pared de la chimenea y esta se hizo añicos, Amelia se encogió de hombros a tal arrebato.
― ¡Yo soy el del dinero en esta familia, así que tienes que acatar mis órdenes, te guste o no, eres mi esposa!
―Es navidad, no voy a pelear contigo, los niños podrían escucharnos. ―Anton y Amelia estaban ajenos a la presencia de los tres hijos que estaban atentos a la escena. Oscar tomó la mano de Björn y le susurró.
―Solo están platicando, no te asustes.
―Cállense, nos van a descubrir. ―Bruno dijo entre dientes algo molesto, luego retomaron sus miradas a la escena en la sala.
Amelie intentó tranquilizar a Anton, pero él estaba bastante cabreado.
―Ven, no quiero pelear, ¿Sí? ―Anton le lanzó una mirada.
―Es demasiado tarde, me has arruinado la noche al rebelarte a mis órdenes. ―Amelie abrió sus ojos de par en par, luego jadeó cuando Anton la empujó y ella cayó en el sofá.
―Por favor, Anton. Los niños…―suplicó Amelia, Anton la tomó de la barbilla y la alzó bruscamente hacia a él.
―Deja de usar a mis hijos como un pretexto…
― ¡Jamás usaría a nuestros hijos como un pretexto! ―Amelie se soltó del agarre y se levantó del sillón para enfrentar a Anton. ―Y son nuestros hijos, no lo olvides.
Björn bajó del auto y a paso furioso, se adentró por el sendero de piedrilla que se encontraba al costado de la casa rustica, tenía un gran nudo en el centro de su estómago, era como si la ira y los nervios se hubieran arremolinado en el interior de él para fastidiarlo, repasó mentalmente lo que diría a su madre y tendría las respuestas más básicas para las preguntas que sabía que Ava… haría. Se detuvo cuando un hombre alto, fornido y de traje negro, apareció en la gran puerta del jardín trasero.
―Señor Hoffmann, lo espera la señora Miller en su despacho. ―Björn arqueó una ceja, Thomas estaba a cierta distancia de él a su espalda.
―Bien. ―respondió, el hombre comenzó a caminar en dirección contraria mientras que Björn le lanzó una mirada cómplice a su jefe de seguridad, este asintió y dio órdenes discretas a través de su micrófono.
Las puertas dobles altas de roble se abrieron ante ellos, otros dos hombres custodiaban la entrada, Björn no se había sorprendido al ver la lujosa mansión que a simple vista era del gusto de su madre, siguió el camino del hombre, siguieron un largo pasillo en la primera planta y luego de unos momentos más, se detuvo, le señaló la puerta, luego se retiró sin dejar que él siquiera agradeciera. Björn tocó con sus nudillos y escuchó a su madre del otro lado de la puerta decir que podía entrar. Al entrar se quedó sin palabras, hace mucho tiempo no veía a su madre y no sabía en qué posición se encontraban ahora que sabían cosas del uno y del otro.
―BJ, te ves tan apuesto como siempre…―comenzó a decir su madre, Björn se tensó al mismo tiempo que cerró la puerta detrás de él, lentamente avanzó, miró de reojo el lugar para saber si estaban completamente solos.
Y así era.
―Madre. ―dijo de manera seca e intimidante, ella sonrió.
― ¿Qué no te da gusto verme después de tanto tiempo?
― Primero lo primero, ―hizo una pausa sin dejar de mirarla, ella estaba recargada en la orilla de su escritorio. ― ¿Dónde está Ava? ―Björn quería salir de inmediato con Ava de ese lugar, la interrogaría después.
―En el jardín, esperando que vinieras por ella. Pero, primero lo primero…―ella se enderezó y se cruzó de brazos. ― ¿Qué intenciones tienes con esa joven?
Björn se tensó más de lo que ya estaba.
―Es mi asunto. ―contestó él de manera gélida.
―Ahora también será el mío, Björn. Esa mujer ha sido subastada clandestinamente.
―Lo sé perfectamente, yo fui quién la ha rescatado de ese lugar.
― ¿Y? ¿Y aun así la sigues empleando como tu asistente? ¿Qué harás cuando descubra lo que has callado? ―Björn se pasó una mano por su cabello, luego sintió como su corazón se aceleró el solo imaginar una rabia en los ojos de Ava, tenía algo en su interior que no aprobaba seguir callando.
―Solo necesito tiempo. ―Amelia arqueó una ceja, luego lo miró detenidamente, le hizo una seña de que tomara lugar en uno de los sillones de la sala del interior del despacho, Björn no dijo nada e hizo lo que le pidió su madre. Ella se sentó en el brazo del otro sillón que la mesa de cristal los separaba. Siguió observándolo detenidamente.
―Te haré una pregunta. ―Björn la miró desde su lugar. ―Es más, serán dos. ―él le lanzó una mirada cargada de frialdad. ―Lo siento, tengo mucha curiosidad. ―hizo una breve pausa, se deslizó hasta caer en el asiento del sillón, cruzó una pierna y se recargó en el respaldo. ― ¿A qué estás dispuesto por ella?
Björn escuchó aquella pregunta retumbar en la habitación, había olvidado la voz melodiosa y a la vez disfrazada de advertencia de parte de su madre. Amelia, arqueó una ceja al ver que no respondió por un momento.
―Contesta, BJ. ―presionó.
―Mataría por Ava...―Björn confesó, fijó su mirada en aquella mujer que pareció que por primera vez, estaba conociendo la oscuridad de su hijo. Amelia se puso de pie y de manera elegante caminó hacia el gran ventanal que daba al jardín, desde ahí, observó detenidamente en silencio a la joven mujer que esperaba que su jefe la recogiera hace diez minutos atrás. Amelia se cruzó de brazos y soltó un largo suspiro.
―Espero no lleguemos a tanto para lograr lo que queremos, BJ.
A manhã seguinte amanheceu com um céu cinzento, pesado, como se pressentisse o que estava por vir. O chalé estava quieto, envolto em uma paz frágil. Hadassa despertou primeiro, espreguiçando-se sob os lençóis, os músculos ainda sensíveis do que haviam compartilhado horas antes. Ela virou o rosto e contemplou Lee dormindo, a expressão serena, os cabelos bagunçados caindo sobre a testa. Pela primeira vez desde que o conhecera, ele parecia vulnerável.Ela deslizou os dedos suavemente pela clavícula dele, desenhando linhas invisíveis, guardando cada detalhe para si. Havia amor ali — não mais apenas desejo, ou instinto. Ela o sentia no fundo da alma. Mas também havia medo. Medo do que ainda viria, do que os cercava além daquelas paredes de pedra e madeira.Pouco tempo depois, Lee despertou com o toque dela. Um sorriso preguiçoso se formou em seus lábios antes que a puxasse para mais perto e a beijasse na testa.— Bom dia, minha luna.Hadassa sorriu.— Se continuar me chamando assim, não va
parte 1A chuva caiu com força naquela noite, lavando a terra como se tentasse apagar o que havia sido dito — ou feito. Hadassa permanecia em silêncio, sentada na beirada da cama no chalé de Lee, com os cabelos ainda molhados, os olhos fixos na lareira acesa. A chama dançava, projetando sombras ondulantes pelas paredes, mas não era suficiente para aquecer a confusão que dominava seu peito.Lee estava de pé, do outro lado do quarto, os braços cruzados, o maxilar travado. O ciúme ainda pulsava em suas veias, misturado ao medo que não conseguia admitir nem para si mesmo.— Você foi vê-lo — ele disse, sem sequer virar o rosto para encará-la. Sua voz era baixa, mas carregada de tensão.Hadassa não respondeu de imediato. Sabia que se dissesse qualquer coisa naquele momento, poderia feri-lo ainda mais. E, no fundo, ela não queria feri-lo — mesmo que soubesse que isso talvez fosse inevitável.— Ele me procurou — respondeu finalmente, sem desviar os olhos do fogo. — E eu o ouvi. Só isso.Lee s
As brasas da clareira sagrada da Guardiã Lysara ainda ardiam como olhos atentos na escuridão, mesmo horas após o ritual. A energia da noite anterior pairava sobre o ar como um véu espesso — mística e perigosa.Hadassa despertou cedo, antes mesmo dos primeiros pássaros anunciarem a alvorada. Sentou-se sobre a pedra fria, envolta apenas em um manto de peles, e sentiu os ecos do novo poder pulsarem sob sua pele como ondas lunares. Ainda não o compreendia por completo, mas sabia que já não era a mesma.Lee dormia próximo a ela, o peito subindo e descendo com calma, seu rosto sereno. Mesmo em descanso, ele mantinha uma mão estendida, como se temesse perdê-la de novo.Ela o observou por longos minutos, seu coração apertado.Estavam às portas da guerra. E as horas de paz pareciam frágeis demais para serem desperdiçadas.— Preciso de você comigo, Lee — sussurrou ela.E ele, como se tivesse ouvido em seus sonhos, abriu os olhos.— Sempre estarei com você, Hadassa.**Na caverna onde Lysara gua
O silêncio da floresta ao sul era enganador.Hadassa e Lee caminhavam entre as árvores ancestrais, guiados apenas pelas runas brilhantes nas pedras e nos troncos tortuosos. A mata era fechada, sufocante, como se a própria floresta estivesse contendo a respiração diante do caos que se aproximava.— Já estamos longe demais da nossa terra — murmurou Hadassa, a voz baixa, quase como uma oração. — Não sei se os antigos nos reconhecerão aqui.Lee apertou sua mão, seu olhar firme.— Eles reconhecerão. E se não reconhecerem, farei com que respeitem você. Minha Luna.Havia um peso novo naquela frase. Uma solenidade que ela ainda não havia ouvido antes — não dita daquela forma. Hadassa o encarou, surpresa.— Está dizendo... que me aceita diante da Lua?Ele assentiu.— Depois do que passamos... depois do que perdemos... não tenho dúvidas.Ela queria responder, mas uma presença cortou o momento. Uma brisa gelada, antinatural, soprou entre as árvores, e os galhos estalaram como se algo se movesse
Parte 3 A alvorada ainda não havia rompido o véu da noite quando um grito cortou o silêncio da floresta.Lee e Hadassa estavam deitados lado a lado, os corpos ainda entrelaçados após o furor da paixão, quando os sons da caverna mudaram. Ecos distantes de passos apressados, rosnados abafados, e então o alarme ancestral: um uivo longo e cortante vindo dos guardiões da entrada.Ambos se levantaram num salto. Lee vestiu sua túnica em um movimento veloz e puxou Hadassa pela mão, os sentidos em alerta total.— Algo invadiu o santuário — disse ele, os olhos se tornando mais escuros, selvagens. — E não é apenas um lobo qualquer. Eu conheço esse cheiro...Eles correram pelos corredores internos até o salão central, onde Cael já reunia alguns membros da cúpula. O chão de pedra estava rachado, e um rastro de sangue fresco pintava um caminho até o altar.— O que aconteceu? — Hadassa perguntou, os olhos arregalados.— Soren... — murmurou Cael, o rosto sombrio. — Ele desapareceu. Junto com o mapa
Parte 2 As chamas ainda dançavam suavemente no santuário ancestral, lançando reflexos azulados sobre as pedras e o rosto sereno de Hadassa. Ela havia aceitado o vínculo. Estava selado. Mas nem mesmo o pacto mais sagrado podia apagar o desconforto que crescia silencioso dentro do peito de Lee.— Você está estranhamente calado — Hadassa comentou, tocando levemente o braço dele. — Esperava que estivesse feliz.Lee respondeu com um breve sorriso, mas seus olhos estavam focados além dela, onde Cael conversava agora com um jovem lobo que acabara de chegar. Alto, musculoso, de pele dourada e olhos cor de âmbar, o recém-chegado era envolto por um manto cerimonial dos Ancestrais e trazia a marca dos Guardiões do Norte. Seu nome era Soren.— Quem é ele? — Lee perguntou, cruzando os braços.— Soren. Filho de Cael — respondeu Hadassa, com naturalidade. — Ele é um dos poucos capazes de traduzir as Runas da Alvorada.Lee franziu o cenho.— Ele olhou demais para você.Hadassa sorriu, levemente surp
Último capítulo