El eco de la voz de Hywell, grave y autoritaria, resonó en la antigua iglesia, cortando el aire tenso como una hoja afilada. "Yo me opongo, y que Dios me perdone, pero… me robaré a la novia."
La declaración, sacada de un cuento de piratas, se cernió sobre todos los presentes. Jade sintió un escalofrío de terror recorrer su espina dorsal, un miedo primario ante la presencia repentina y amenazante de Hywell, pero debajo de ese miedo, una corriente subterránea de alivio comenzó a burbujear.
La bod