La confrontación en el casino había sido un golpe devastador.
Hywell no había levantado la mano, no había golpeado, herido ni gritado, pero su mirada helada y sus palabras cargadas de veneno habían sido tan brutales como cualquier golpe.
La traición había sido expuesta, y el precio inminente.
De vuelta en la mansión, el ambiente era gélido, opresivo.
Jade fue conducida a su habitación, custodiada por dos guardias, una vigilancia constante que nunca antes había experimentado. Sentía la desesper