La noche del evento, la tensión en el casino era un presagio ominoso. Jade, con su máscara de sofisticación, se movía junto a Hywell, cada paso medido, cada sonrisa forzada. Los ojos de Hywell la seguían, una mezcla de orgullo por su apariencia y una sospecha latente que se había vuelto casi tangible. Nick estaba en su puesto, una figura imponente entre el personal de seguridad, sus ojos oscuros cruzando la mirada de Jade en ráfagas fugaces, una conexión secreta que solo ellos podían percibir.