La crueldad de Hywell no se manifestó con golpes, sino con una ingeniería de la desesperación. Condenó a Jade y a Nick a una tortura de proximidad sin contacto, una prisión de visiones fugaces y anhelos silenciosos. La mansión, antes una jaula de oro, se convirtió en un laberinto de soledad y vigilancia constante.
La vida de Jade bajo las nuevas reglas era una rutina asfixiante. Cada hora estaba programada. Las mañanas comenzaban con las doncellas que la vestían, no para el lujo, sino para la v