La atmósfera en la mansión de Hywell, era un denso tejido de deseo y revelación. Las palabras de Jade, “nunca dejé de sentir cosas por ti, y ahora siento tanto que puedo estallar”, resonaron en el salón, cargadas de una verdad brutal.
La cena, un despliegue de lujo y un preludio a la audacia de sus confesiones, había llegado a su fin.
El mesero apareció con el postre, una obra de arte culinaria que reflejaba la exquisitez de la cena.
Jade tomó el suyo, un delicado soufflé de frutas exóticas, y