El beso de Hywell, feroz y hambriento, fue una explosión en el silencio de la mansión. Su "Quiero probarlo todo" susurrado contra sus labios, resonó en los oídos de Jade, una mezcla de promesa y amenaza. El aire se había vuelto denso con el deseo.
Jade, sin embargo, no era una flor delicada que se marchitaba bajo la intensidad. Con una fuerza sorprendente, empujó a Hywell por el pecho, lo suficiente para romper el contacto, y se levantó del banco del piano. El vestido rojo, que antes era una ar