83. Hermanas
Roxana
Mi estómago se rebeló apenas crucé el umbral del apartamento de Lucía. Corrí al baño, y caí de rodillas frente al inodoro cuando el sabor amargo de la bilis me quemó la garganta. Sentí las manos cálidas de Lucía sosteniendo mi cabello hacia atrás, sin decir una palabra.
Me alcanzó un vaso de agua fría cuando terminé. Evité mi reflejo en el espejo. No quería ver la palidez de mi rostro, los hematomas o el brillo febril en mis ojos.
Me acosté en el sofá y le conté todo cuando se sentó a mi