82. Confesión involuntaria
Alessandro
En cuanto las cámaras se alejaron de nosotros, presioné el bolsillo interior de mi saco para asegurarme de que los documentos de divorcio seguían ahí, después de encontrarlos en el auto al llegar a la ciudad. Al final de la noche la enfrentaría al cumplir mi parte para que Deborah los firmara.
—Te lo dije —Se acercó con esa sonrisa confiada y desafiante que perfeccionó con los años—. Sabes que lo que tenemos no puede acabar por una aventura.
—Alessandro, Deborah, ¡felicidades por la