La llegada de las Garras fue una transfusión de sangre nueva para la aldea, pero Nayra sabía que catorce guerreros, por muy leales que fueran, no eran suficientes para ganar la guerra. El asedio continuaba, un lazo que se apretaba lentamente. La comida seguía disminuyendo. Necesitaba un martillo para romper el yunque del ejército de Ocotl.
Convocó una reunión en su choza. No era un consejo, era un estado mayor. Estaban Itzli, el corazón de los Yuu Nahual; Yax, su lugarteniente silencioso y leta