Mundo ficciónIniciar sesiónEl alba se filtró por la ventana, una luz gris y fría que no trajo consigo la calma, sino una tensión palpable. Nayra se despertó primero. Se movió con un sigilo que no había necesitado la noche anterior, deslizándose de la estera y vistiéndose en la penumbra. Observó a Balam dormir. En el sueño, el guerrero formidable desaparecía, y quedaba solo un hombre, su rostro relajado, vulnerable. Por un instante, sintió un impulso de ternura, un deseo de volver a acostarse a su lado. Pero la emperatriz ahogó ese impulso. La noche había terminado. El día exigía sus máscaras.
Cuando Balam despertó, ella ya estaba de pie junto a la ventana, observando la ciudad despertar. Llevaba su túnica de mando y su rostro era una vez más el de la Hija del Sol, sereno e impenetrable. Él se levantó rápidam







