Mundo ficciónIniciar sesiónLa partida de la delegación de Tikal dejó un nuevo tipo de silencio en Nueva Aztlán. No era el silencio del miedo o de la incertidumbre, sino el silencio del orgullo. La gente caminaba con la espalda más recta. Los guerreros entrenaban con una nueva ferocidad. Los niños en la academia estudiaban con la certeza de que estaban aprendiendo el lenguaje del poder. Habían sido medidos por el mundo exterior y no habían sido hallados deficientes. Su fe en la Hija del Sol se había transformado de una creencia local a una verdad universal.
Para Nayra, sin embargo, el éxito tenía un sabor a ceniza. La visita del embajador le había recordado con una claridad brutal todo lo que había perdido. Ah-K’in era un hombre de mundo, un hombre que conocía la seda, la diplomacia, las intrigas de una corte compleja. Era un eco de la vida que ella había conocido,







