El plan de Vanya comenzó a ejecutarse con la precisión de un mecanismo de relojería suizo, frío y letal. Al amanecer del día siguiente, las pesadas puertas de Colmillo de Plata se abrieron con un chirrido que resonó en todo el valle nevado. Un imponente contingente de la manada pura, portando los estandartes dorados del Alfa supremo, marchó con paso ruidoso hacia el desfiladero del oeste. A la cabeza del ejército, un guerrero de imponente físico vestía la armadura rúnica de Alek y montaba su en