530. PALABRA DE GARIBALDI
Gerónimo desvía la mirada, haciendo que mis manos tiemblen entre las suyas. Ese silencio, esa pausa que se alarga más de lo debido, me llena de incertidumbre. ¿Por qué no responde? ¿Acaso en su cabeza ya ha decidido atravesar un camino peligroso?
—Cristal, escúchame —comienza, con un tono de voz bajo y serio que nunca antes había usado conmigo—. A veces, para que las cosas encuentren su orden, alguien tiene que enfrentarse a lo que está roto.
—¿Roto? —repito, sintiendo que mi pecho se oprime aú