32. AL FIN LA ENCONTRÉ
Gerónimo no responde a su hermano, detenido frente a la mujer que tiene delante. Su corazón le salta desbocado ante la visión que acaba de descubrir.
—¿No es ella? —pregunta Guido, que no puede verla porque su hermano la cubre con su cuerpo, hasta que lo oye decir:
—¡Cielos, Guido! ¡Es preciosa, mi esposa! Mírala, mi hermano, no te miento, ¡es la mujer más hermosa que he visto en mi vida! —exclama emocionado Gerónimo mientras se desliza para que la vea—. ¡No puedo creer que esta belleza sea mía