ALESSIO
—Te quiero fuera de este lugar —dijo la voz de mi padre.
Había llegado al club, y estaba por entrar a la oficina principal, pero me detuve cuando escuché su voz.
—¿A caso estás celoso, cariño? —la voz melosa de Narkissa se oyó a través de la puerta.
—No digas estupideces —gruñó mi padre. —Sabes bien que tú no significas nada para mí, por mí puedes podrirte.
Un silencio perpetuo se instaló adentro de esa habitación. Puse la mano en la perilla de la puerta pues estaba por entrar; sin emba