ALESSIO
—¡Demonios! ¿Qué fue eso? ¿Ambos se encuentran bien? —cuestionó la voz de Santino, apenas podía oírlo.
Mis oídos zumbaban. Todo paso tan rápido, eso que paso fue una explosión y parecía que había estallado en nuestras cabezas.
—M i e r d a —masculló la voz de mi padre.
Lo había olvidado, él me empujó antes de que alcanzará a alejarme del lugar en el momento que los escombros se derribaron.
«Demonios, debe de estar herido».
En eso sentí que alguien halo de mí. Los escombros no me cubrier