Lo que permanece cuando el otro se ausenta
Las semanas comenzaron a parecerse unas a otras de una forma inquietante.
Emma aprendió a medir el tiempo no por los días del calendario, sino por las horas de reposo, las pastillas alineadas en la mesa de noche, las ecografías marcadas con tinta azul en una libreta que antes usaba para escribir pensamientos felices. El médico había sido claro: descanso absoluto, estrés mínimo, vigilancia constante. Su cuerpo estaba sosteniendo una vida frágil, y cualq