Emma eligió un momento sin testigos.
No fue de noche, cuando el cansancio suele deformar las palabras, ni en la madrugada, cuando el miedo se disfraza de urgencia. Fue una tarde tibia, de esas en las que la casa parece suspendida en un equilibrio frágil pero amable.
Isabella dormía después de la toma.
Sofía estaba en su habitación, concentrada en una videollamada con una amiga.
El mundo, por una vez, no exigía nada inmediato.
Alejandro estaba en la cocina, apoyado contra la encimera, revisando