Emma no supo decir en qué momento empezó a notarlo.
No hubo una discusión, ni una palabra fuera de lugar, ni un portazo que marcara un antes y un después. Todo seguía funcionando… y quizá por eso era más inquietante.
Alejandro seguía despertándose temprano. Preparaba café. Dejaba la chaqueta colgada en el mismo sitio. Besaba a la bebé antes de salir y le acariciaba el cabello a Sofía con ese gesto automático que llevaba años siendo suyo.
Pero algo había cambiado.
Era sutil. Tan sutil que Emma d