El hospital tenía ese olor inconfundible a desinfectante y madrugada, una mezcla que Emma ya asociaba con miedo. La camilla avanzaba lentamente por el pasillo blanco mientras una enfermera hablaba con voz profesional, demasiado tranquila para lo que ella sentía por dentro.
—Tranquila, Emma. La ruptura de aguas fue leve, pero necesitamos observarte —decía—. El embarazo sigue siendo delicado.
Emma asentía sin fuerzas, con una mano sobre el vientre y la otra apretando la sábana como si pudiera anc