El amanecer llegó acompañado de un murmullo extraño en el aire. La ciudad parecía contener la respiración, como si supiera que algo grande estaba a punto de suceder. En el apartamento, la tensión era palpable; cada uno de ellos lo sentía en la piel.
Lucía, sentada frente a la mesa del comedor, repasaba una y otra vez los documentos que había logrado ocultar durante sus años de cautiverio. Eran papeles manchados, arrugados, con nombres codificados, cifras ocultas tras siglas que solo ella podía