El viento del Mediterráneo soplaba con suavidad aquella mañana, trayendo olor a sal, a pan recién horneado y a vida tranquila. Italia había dejado de ser un destino y se había convertido en hogar. Dos años habían pasado desde que Emma, Alejandro y Sofía llegaron por primera vez a aquel país buscando un nuevo comienzo, y ahora… todo tenía sentido.
El pequeño puerto donde vivían estaba despertando: pescadores regresando con redes húmedas, turistas tomando fotografías, y un cielo tan despejado que