Capítulo 178

El cielo estaba gris, inmóvil, como si la ciudad entera contuviera el aliento.
Casa Esperanza, recién reconstruida, olía a pintura fresca y a tierra húmeda. Los niños corrían entre los rosales que Emma había plantado con Nora unas semanas antes. Las risas parecían devolverle al lugar una vida que el fuego, hacía poco, había intentado arrebatar.

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