París despertaba con un cielo gris, pesado, de esos que anuncian que algo está a punto de romperse. Emma observaba las calles desde la ventana de su pequeño apartamento temporal. Llevaba días sin dormir bien, con el corazón temblando cada vez que una sombra cruzaba el vidrio o cuando el teléfono vibraba sin razón.
Desde la entrevista, su rostro había aparecido en cada portal, en cada noticiero, en cada red social. “Emma Ríos, la falsa benefactora”, “La mujer que manipuló a un millonario”, “El a