El día amaneció gris y húmedo, y el olor a lluvia reciente se colaba por las rendijas de las ventanas del castillo. Emma caminaba por el pasillo principal, sosteniendo una pila de toallas limpias para la habitación de Daniel, cuando escuchó voces procedentes de la cocina.
No tenía intención de escuchar, pero algo en el tono de los sirvientes la detuvo.
—Dicen que la hermana de Alejandro no murió de forma natural… —susurró una de las mujeres, mientras removía una olla.
—Shhh, baja la voz. —La ot